La tradición de muertos, más viva que nunca en la Meseta
Lamberto
HERNANDEZ MENDEZ
MESETA PURHÉPECHA.- En todas las comunidades indígenas de
la Meseta Purhépecha, las tradiciones de recordar a quienes se han ido, siguen
más vivas que nunca; esta conmemoración no es exclusiva de la isla de Janitzio
o de la ribera del Lago de Pátzcuaro, igual se realiza en la Ciénega de Zacapu
o la Cañada de los Once Pueblos.
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Zacán tiene una particularidad con la danza de Los
Soldaditos de Dios. Salen a bailar la noche del 31, para recordar a los niños o
quienes no se casaron y que fallecieron en año reciente. El día primero, para
los mayores. El dos de noviembre, de todos los santos, se reparte fruta y
comida en el panteón de quienes hicieron altares.
“Caído el sol del uno de noviembre los señores jóvenes se
reúnen en la plaza; los músicos se buscan para acompañar a Los Soldaditos y los
vecinos del poblado se concentran para atestiguar la conformación de la
cuadrilla: los más rápidos, los más fuertes, los más intrépidos. Sólo doce
soldados, un comandante y el capitán. El pelotón necesita armas, éstas se
obtendrán de los arotes (cañuelas) que
han dejado las primeras cosechas de maíz en los solares. Armados para defender
su condición, con su porte de militares y sus armas al hombro, hacen las primeras
demostraciones de fuerza, arrojo y disciplina en la cancha de basquetbol de la
plaza. Las almas se concentran en el centro de la vida cotidiana: la plaza del
pueblo”.
– ¡Cuéntense! – ha dicho el capitán a Los Soldaditos,
¡Números! –, termina diciendo al comprobar que están completos y que se puede
iniciar el recorrido por la población. Cita de un ensayo de Arturo Oseguera
Huanosto.
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El día dos de noviembre, por la mañana las campanas del
templo anuncian que la misa será a las 10:30 en el panteón de la localidad. Al
término, se continúa el reparto de nacatamales y fruta hasta donde alcance.
Familias enteras acuden a visitar a sus amigos y
familiares. El camposanto es sencillamente un jardín multicolor; muchos llevan
alimentos y bebidas. Música del Trío Ilusión con Beto Campos, el norteño
Montana del Vaquero o la banda La Huizachera de Ichán, y también el grupo de
Chamé.
Los músicos son invitados por los familiares del difunto
para que toquen junto a su tumba, aquellas canciones que en vida les gustaban.
De todo género, pero principalmente pirekuas se dejaron escuchar.
Así, de esta manera, los vivos recuerdan a sus muertos.
Una tradición milenaria que sigue más viva que nunca.
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